Ahora que lo retro y las cosas de este estilo están de moda, no puedo evitar la tentación de escribir algo sobre un tema que salió a colación charlando el pasado Sábado con mi panda habitual de las noches madrileñas, y que no es otro que los mitiquísimos libros de
Elige tu propia aventura.

Elige tu propia aventura fue una colección de libros juveniles que se editaron en España en los años 80 y principios de los 90, y que tenían como característica principal, aparte de sus inconfundibles portadas de color rojo que los hacía destacar de sobremanera en las estanterías del Pryca, el hecho de que Tú, y solo tú, eras el protagonista.
La mecánica era sencilla, tras una introducción para ponerte en antecedentes y explicarte la historia, llegabas a la parte de abajo de la página donde se te proponían un par de alternativas entre las que debías elegir para ir avanzando en la historia. El rollo era tal que así: si decides adentrarte por el sendero tenebroso ve a la página 12, si decides que es mejor esperar sentado ve a la página 25.
Y de esta manera ibas avanzando poco a poco en la historia hasta que llegabas a alguno de sus múltiples finales. Entonces había 2 opciones, o empezabas el libro otra vez desde el principio (esto creo que tras el primer final nadie lo hacia), o volvías a la página que te llevó a ese final, y donde previamente habías dejado puesto el dedo índice de manera previsora, y escogías la otra alternativa para seguir leyendo un poco más. Si esa alternativa también acababa en final estabas jodido entonces, porque tenias que buscar la página anterior que te había llevado a esa, y además así, a lo bruto, hojeando el libro. También había una tercera opción que era mandar el libro a tomar por culo, pero bueno, no vamos a hacer eso a las primeras de cambio.

Y es que lo de los finales era de coña, había uno bueno, un par aceptables donde terminabas más o menos bien, y la gran mayoría que eran una basura porque acababas fatal, muerto la mayor parte de las veces. Y lo más cachondo de todo es que las decisiones que realmente molaban nunca te llevaban al final bueno, este solía ser difícil de encontrar y estaba tras decisiones un poco chorras. Aunque eso sí, bien pensado, en la vida real ya ves que necesidad tendría yo de adentrarme por un sendero tenebroso.
De cualquier manera títulos como Tu clave es Jonas, las joyas perdidas de nabooti, Ovni 54-40, prisionero de las hormigas, etc. Son ya un gran clásico de este tipo de literatura juvenil. Luego salieron otras colecciones, había una llamada la máquina del tiempo, otra que era de ciencia ficción, y posteriormente libros donde tenias una hoja del personaje con puntos de experiencia y cosas así, y en estos tenias incluso que tirar dados para las peleas y todo eso. Una pasada vamos, comentarlos aquí sería larguísimo.
Lo que no puedo dejar sin comentar, y que constituye casi el motivo original de este post, es el impresionante descubrimiento que hice hace unos meses en la entrada de la wikipedia dedicada a estos libros, y que me dejó flipando. Resulta que en el de Ovni 54-40, que trataba de que eras abducido por unos extraterrestres que querían llevarte a su planeta, y te pasabas el libro intentando escapar de la nave y eso, se hacia mención a que existía un paraíso donde vivirías feliz y que nadie puede alcanzar de forma activa. Pues bien, solo en uno de los finales llegabas a ese paraíso, pero lo mejor de todo es que ninguna de las opciones del libro te mandaban a esa página, la única manera de llegar allí era hojeándolo y encontrándolo tú. Y de hecho en este final se te felicitaba por haberlo encontrado de esta forma, saltándote las propias reglas. Jajajaja, interesante lección que nos daba el librito. Da que pensar, Bye.